Por Almudena Alegría.

La literatura de viajes como género.

En el periodo Ilustrado, se despierta un afán de conocimiento del mundo que no se había dado hasta entonces y, con ello, comienza a desarrollarse un interés por el fenómeno viajero.

A raíz de las premisas establecidas en el periodo Ilustrado es cuando la experiencia va a adquirir una importancia fundamental, asociada al concepto de verdad. Se buscan testimonios veraces rechazando la fantasía, elaborando con ello un nuevo lenguaje científico que clasificaba y catalogaba el mundo. El viaje es por ello entendido como un medio de adquirir conocimiento.

Así, derivado de este afán viajero e Ilustrado, se consolidará el viaje denominado como el Grand Tour, en torno al cual tendrá un verdadero auge la literatura de viajes.

La expresión del Grand Tour fue creada en 1636 por Lord Granspeare, refiriéndose a los viajes que tenían como meta Italia. En el siglo XVII, solo excepcionalmente se llegaba hasta Roma, siendo ya en el siglo XVIII cuando la visita a esta ciudad fue imprescindible, ampliándose hasta Nápoles y otras localidades del sur italiano.

En los orígenes, el Grand Tour se entendía como la culminación de la educación de los jóvenes de clases altas de Inglaterra y Francia, especialmente durante el siglo XVIII. Estos jóvenes eran enviados a Europa durante meses o años, al cuidado de un tutor que solía ser un clérigo o compañero de universidad. La mayor parte de los estudios de estos jóvenes parece ser que podrían haber sido en su mayoría sobre lenguas, literatura e historia de la Grecia Clásica y Roma.

El viaje Ilustrado, de acuerdo con su sentido racionalista, era un viaje totalmente planificado, con una motivación filosófica y un planteamiento concreto pasando por varias etapas y objetivos sucesivos, con el fin de realizar una memoria final razonada.

Jacob Philipp Hackert. Goethe visitant le Colisee Rome, 1790.

Las recetas del viaje Ilustrado.

Según las teorías de Rousseau, el viaje Ilustrado tiene como principal motivación el conocimiento del propio hombre. Es por ello que también deriva de esta, una segunda motivación, y es la de viajar para ilustrarse, para conocer las relaciones de los hombres entre ellos y alcanzar un mayor nivel en el conocimiento, y por ello, en la razón. Se trata de la adquisición de un conocimiento basado en la experiencia, de la percepción en primera persona de los acontecimientos o lugares.

Bajo estos planteamientos, Gómez de la Serna propone una serie de lo que él denomina “recetas” que contemplan los objetivos de un viaje Ilustrado:

El libro.

Sin embargo, Alberto González Troyano apunta una característica que destaca aún más como rasgo común, y es el propio hecho de viajar con motivo de realizar el libro, es decir, el libro como destino final. Muchos viajeros comienzan sus libros declarando sus principios y las motivaciones que los llevan a realizar dicho relato, donde expresan como prácticamente una obligación moral el hecho de compartir con los demás los conocimientos que van a adquirir. Esto no quiere decir que todos los viajeros del siglo XVIII destinaran sus viajes a esta literatura.

El final del Grand Tour coincide con el final del siglo XVIII. Las causas se dan sobre todo por el estallido de la Revolución Francesa y las guerras napoleónicas. El siglo XIX dará la entrada a una nueva concepción del viaje.

Y en este contexto… ¿qué pasaba con España?

En lo que se refiere a España, el Grand Tour, o en grandes rasgos el viaje Ilustrado, no tuvo especial desarrollo. Eso no significa que España no recibiera viajeros, sino que los recibió en un porcentaje mucho menor que otros países (especialmente que Italia) y bajo otras premisas. Esto se debe en gran parte a la imagen que ya se venía cultivando en Europa siglos atrás, la cual tachaba de ignorante a la sociedad española, considerada muy supersticiosa y fanática católica. Es por ello que no sintoniza con el ideal Ilustrado. Lo que más influyó en la carga negativa de esta imagen, fue sin duda la Leyenda Negra, un movimiento iniciado en Europa en el siglo XVI y que tenía como objetivo desprestigiar al Imperio Español.

No obstante, como comentábamos, España recibe viajeros y, aunque muchos buscan la justificación de sus prejuicios, otros la valoran positivamente. Algunos de estos viajeros son Alexander de Laborde, Fleuroit, Cavanagh Murphy, Richard Twiss o Von Hulmoldt con su Diario de viaje a España, quien ya realizaría su viaje entre 1799 y 1800.

No podemos dejar de mencionar a viajeros españoles Ilustrados que recorrieron nuestro país y nos dejaron unos testimonios muy interesantes, como es el caso Antonio Ponz, Viaje de España, en que se da noticia de las cosas mas apreciables, y dignas de saberse, que hay en ella.

Página del libro Viaje a España de Antonio Ponz. Madrid. Imagen: BDE.

BIBLIOGRAFÍA:

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