Azulejo de la fuente de Doña Catalina de Ribera, en el Paseo de Catalina de Ribera, Sevilla. Foto: Sevillapedia.

Con ella comienza la visita guiada “Sevilla en Femenino: I“, Catalina de Ribera (1447 – 13 de enero de 1505). Ella es la Señora de la Casa de los Ribera y Condesa de Los Morales, descendiente del III Adelantado Mayor de Andalucía y de María Hurtado de Mendoza. Era la segunda de cinco hermanas, que crecieron con el ejemplo de su madre administrando las empresas familiares y ejerciendo el mecenazgo artístico para mayor gloria del nombre de su Casa.

Se casó con Pedro Enríquez de Quiñones, viudo de su hermana Doña Beatriz. En 1483 adquirió el que hoy es el Palacio de las Dueñas, que vino a convertirse en la residencia de su segundogénito. A finales del siglo XV inició la construcción del Palacio del Adelantado Mayor, que pasaría a llamarse popularmente la Casa de Pilatos. Consiguió crear dos mayorazgos, uno para cada hijo. Administró uno de los mayores negocios de Sevilla, las jabonerías o almonas de Sevilla y Utrera, que fabricaban el famoso jabón que se exportaba a tantos lugares.

En 1492 quedó viuda y obtuvo una bula pontificia que le permitía fundar el Hospital de las Cinco Llagas, el primer hospital de mujeres de la ciudad, en la calle Santiago. Cuando falleció, su voluntad de ampliar su obra caritativa fue llevada a cabo su hijo, que edificó el hospital que funcionó como tal hasta 1982 y que hoy es sede del Parlamento de Andalucía.

Cuando falleció en 1505 fue enterrada en el panteón familiar de la Cartuja de Santa María de las Cuevas.

En 1898 el Ayuntamiento de Sevilla le dedicó como homenaje el Paseo del Pino, pasando a denominarse Paseo de Catalina de Ribera (aunque los propios sevillanos lo llamemos “Jardines de Murillo”). En 1921 se colocó este bello monumento diseñado por Juan Talavera y Hereria.

Fuente-monumento de Doña Catalina de Ribera, en el Paseo de Catalina de Ribera, Sevilla. Foto: Commons.

Gracias a esta gran coleccionista, mecenas y administradora, tenemos en Sevilla tres monumentos declarados Bien de Interés Cultural. Empecemos a llamar por su nombre al Paseo de Catalina de Ribera y dejemos de llamarlo “Jardines de Murillo” (que son los jardines que dan a la Plaza Alfaro y a la Plaza de los Refinadores). Pensemos en ella cuando, paseando por Sevilla, admiremos el Parlamento, Las Dueñas, Pilatos y su sepulcro en La Cartuja.

Gracias, Doña Catalina.

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