Por Zoraida Álvarez Carvajal.

Nos hallamos ante un caso de un milagro recíproco: el de la pintora Luisa de Morales y San Fernando. Creamos o no en los milagros, el resto de la anécdota es histórica. Una historia interesantísima que he descubierto gracias a la exposición temporal de Valdés Leal, del Museo de Bellas Artes de Sevilla.

En otra entrada os hablaré de la pintora Luisa de Morales.

La escultura de San Fernando.

En febrero de 1671 el Papa Clemente X firmaba el decreto de canonización del Rey Fernando III de Castilla y León. Las solemnes fiestas fueron patrocinadas por el cabildo catedral de Sevilla, que custodiaba y veneraba los restos del rey santo desde la muerte de este.

Se levantó a la entrada principal de la Catedral, en el trascoro, la máquina triunfal, una inmensa arquitectura efímera repleta de obras que plasmaban los logros y grandezas del monarca. El conjunto estaba rematado por una escultura del rey con armadura, calzas, manto, corona y portando en la mano diestra la espada Lobera y en la mano izquierda la orbe.

Fiestas de la S. Iglesia Metropolitana, y Patriarcal de Sevilla : al nuevo culto del señor rey S. Fernando el Tercero de Castilla y de Leon. Dibujo de Matías de Arteaga. Imagen: Internet Archive.

El encargo de esta escultura es uno de los más importantes y simbólicos de la historia de la Catedral hispalense. El día 25 de mayo se celebró la ceremonia con la efigie del santo en la capilla mayor y por la tarde se sacó en procesión. La obra se conserva en el templo y se procesiona cada año durante el Corpus Christi.

La pintora Luisa de Morales frente a uno de los encargos más importantes de la Catedral de Sevilla.

Una vez el taller de Pedro Roldán terminó la escultura en madera del rey San Fernando, esta fue trasladada al taller de Juan de Valdés Leal para ser policromada. Allí, la pintora y grabadora Luisa Rafaela de Valdés Morales (hija del maestro), temiendo por su vida debido a una grave enfermedad a sus diecisiete años de edad, encarnó, doró y pintó la estatua del Santo suplicándole auxilio, y recuperándose milagrosamente de la enfermedad.

San Fernando. Escultura de Luisa Roldán y policromía de Luisa de Morales. Catedral de Sevilla, 1671.

Gracias a San Fernando, la pintora sanó, al mismo tiempo que ella obró también para él otro milagro: el de dar vida a aquella imagen con sus pinceles, haciendo que la piel y la armadura de madera parezcan de carne, metal y cuero.

Dos Luisas son mejor que una. Escultora y pintora: Luisa Roldán y Luisa de Morales.

Y yo me pregunto, si es cierta la anécdota de Ceán Bermúdez sobre Luisa Roldán arreglando la talla de San Fernando, ¿es entonces posible que una de las esculturas más conocidas del barroco español haya sido realizada por dos mujeres? Aquí tenemos una obra con dos interesantes historias de dos mujeres artistas sevillanas, dos Luisas. Esto sí que es orgullo barroco.

Fuentes.

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