Querida lectora, esto que vas a leer es mi opinión sobre un cuadro, el de “Susana y los viejos”, pintado por Artemisia Gentileschi en 1610. Quisiera exponer las razones que hacen de este un increíble estudio, llevado a cabo por una pintora para representar una escena de acoso desde el punto de vista de la víctima.

Me gustaría centrarme únicamente en hacer un análisis del cuadro desde su composición y desde la perspectiva de género. Pero es muy probable que, si estás leyendo esto, no conozcas el relato de Susana, ni tampoco su representación a lo largo de la historia del arte, por lo que haré un resumen antes de comenzar con el cuadro en cuestión.

Pero antes de entrar en materia, quisiera aclarar varias cositas.

Lo primero, es que no me interesa a estas alturas seguir deliberando sobre cómo la violación que sufrió Artemisia Gentileschi ha nublado su talento y desplazado el reconocimiento y lugar que merece en la historia del arte. Estrella de Diego (La mujer y la pintura del siglo XIX español. Cuatrocientas olvidadas y algunas más) ya se encargó de poner el asunto en su sitio. Además, el tema de la violación ni siquiera tiene cabida, porque el cuadro que voy a analizar lo pintó la artista antes de ser violada, pero quería aclararlo.

También podrían entrar aquí cuestiones tan debatidas sobre separar o no la obra de la vida del artista, o conceptos como el de genio. No entraré hoy en nada de esto.

Por otra parte, el análisis que hago de este cuadro se aplica a este cuadro y no a otros, sean o no de la misma pintora. En el proceso de creación de una obra entran un sinfín de factores geográficos, sociales, políticos, económicos, técnicos, estilísticos, los intereses de los mecenas y las experiencias vitales y profesionales de los artistas. Artemisia Gentileschi volvió al tema de Susana varias veces a lo largo de su carrera (img. 1 y 2); no obstante, solo en la versión de 1610, por motivos que desconozco, decidió -o se permitió-, representar una expresión muy concreta que las mujeres conocemos.

Img. 1. Artemisia Gentileschi, 1622. “Susana y los viejos”, The Burghley House Collection, Stamford, Lincolnshire. Imagen: @JesseMLocker
Img. 2. Artemisia Gentileschi, 1652. “Susana y los viejos”, Pinacoteca Nazionale di Bologna. Imagen: @JesseMLocker

Y ahora, querida lectora, doy por hecho que alguna vez te han mirado el trasero o los pechos, te han tocado o babeado, te han silbado o lanzado un beso, han dedicado algunos versos mediocres a tu cuerpo o a tus andares, te han perseguido por la calle o acorralado, te han enseñado el pene, te han extorsionado, te han violado o lo han intentado.

Aunque lo hallamos normalizado, todas conocemos esos sentimientos de asco y de desamparo en determinados momentos, en los que nuestra repulsión llega al nivel de náuseas, bloqueo, aturdimiento y de urgir arrancarnos la propia piel.

Nuestra pintora, como mujer, también los conocía y eso influye, en mayor o menor medida, en su obra. No aplicar la perspectiva de género al estudiar las obras de arte, es eludir algo tan evidente como que en nuestra sociedad patriarcal las experiencias vitales de hombres y mujeres son diferentes.

Daniel, libro 13: La historia de la casta Susana.

De los numerosos relatos del Antiguo Testamento, el de Susana es el más representado, pero más concretamente, la escena más repetida es la de Susana en el baño. Se trata de un cuento edificante desarrollado en en Las mil y una noches y en el capítulo 13 del Libro de Daniel.

En resumen, la joven Susana era una hebrea casada, que sufrió el acoso de dos venerables ancianos en la intimidad de su baño, quienes la extorsionaron con denunciarla falsamente por haberla visto pecando con un joven, si esta no accedía a satisfacer sus deseos. El juicio falló a favor de la calumnia, condenando a Susana a ser lapidada, aunque Daniel intervino a tiempo para esclarecer la inocencia de la joven, siendo finalmente condenados a la lapidación los dos depravados. Susana, cuyo nombre significa «hija de lirio», será conocida como «la casta Susana» o «Santa Susana de Babilonia».

15 Y sucedió que, mientras esperaban el día oportuno, entró Susana al jardín, como el día anterior, acompañada sólo de dos doncellas, para bañarse en el jardín, porque hacía calor.
16 Nadie había allí, fuera de los dos ancianos, que, escondidos, la acechaban.
17 Y dijo a las doncellas: Traedme el aceite y los ungüentos y cerrad las puertas, que voy a bañarme.
18 Hicieron ellas como se les había dicho, y, cerrando las puertas del jardín, salieron para traer lo que se les había mandado, y no vieron a los ancianos que estaban escondidos.
19 En cuanto salieron las doncellas, se levantaron los ancianos y se precipitaron hacia ella,
20 diciéndole: “Las puertas están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos pasión por ti; consiente, pues, y entrégate a nosotros;
21 de lo contrario, daremos testimonio contra ti de que estabas con un joven y por esto despediste a las doncellas”.
22 Rompió a llorar Susana, y dijo: Por todas partes me siento en angustia, porque, si hago lo que proponéis, vendrá sobre mí la muerte, y si no lo hago, no escaparé a vuestras manos.
23 Mas prefiero caer inculpable en vuestras manos a pecar ante el Señor.
24 Y levantando Susana la voz, la levantaron también los dos ancianos contra ella.

Daniel, libro 13

Iconografía.

El estudio iconográfico de Susana que más interesa como historiadora del arte, es el que realiza Erika Burnay en su libro Mujeres de la Biblia en la pintura del Barroco: Imágenes de la ambigüedad. La representación artística más antigua que conocemos del relato es la pintura del siglo II de las catacumbas de Priscila (img. 4).

Normalmente se recogían todas las escenas de la historia configurando un ciclo narrativo (img. 6 y 6.1), con propósito moral y religioso, como parábola cristiana sobre la lucha del bien contra el mal y de la virtud contra el vicio. Así, Susana venía a ser un símil de la Virgen María por su pureza y a veces incluso se la representaba con nimbo (img. 5) y/o leyendo.

Img. 5. Postilla in Bibliam de Nicolaus de Lyra, ca. 1480. Ms. 129, fol. 13v. Bibliothèque municipale, Troyes. Imagen: Enluminres.
Img. 6. Libro de Horas, 1204-1219. MS M.739 fol. 18v. Morgan Library.

En el Renacimiento la escena del baño comenzó a representarse aislada, divorciada del resto del relato. La obra que aportó la abundante iconografía para las representaciones posteriores del pasaje fue la de Tintoretto. En esta, definitivamente, se transita del mensaje moral al sensual en pos de representar un desnudo femenino con el pretexto de tratarse de una escena religiosa.

Entre otras, las principales razones serían:

Img. 7. Tintoretto, 1530. “Susana y los viejos”, Kunsthistorisches Museum (Viena). Imagen: Commons.

En numerosas obras vemos a la casta Susana o Santa Susana de Babilonia convertida en una Venus púdica, en una Venus del espejo (img. 12) o en una Diana en el baño; e incluso en una María Magdalena lavando sus cabellos dorados con un bote de aceite perfumado (img. 11).

Aunque pueda parecer simple representar solamente a tres actores en un escenario, en todo proceso creativo, cada pequeño detalle cuenta. Según lo que el artista vaya a transmitir en la obra, estudia y ensaya para escoger el momento, el encuadre, los ángulos, el escenario, el atrezzo, las posturas, los gestos, los colores, los tamaños…

En las Susanas, los escenarios son bellos jardines rebosantes de vida y color. Los animales, las flores, los árboles, las fuentes, el agua, las joyas, las arquitecturas…, entretienen la imaginación del espectador; le distrae del evento que está aconteciendo entre los tres actores. El espectador está tan abstraído con la belleza del vergel, como la propia Susana -frecuentemente tan ensimismada en su momento de placer, que no se percata de la presencia de los viejos-, y tan embelesado como los viejos con la muchacha a la que van a acosar esperando el momento oportuno.

Los cuerpos de las Susanas, así como sus gestos, responden a los cánones de belleza y a los estereotipos de la época.

A veces Susana está completamente abstraída y relajada, disfrutando de su momento de aseo a solas. Algunos artistas la representan completamente enfrascada en su propio reflejo en un espejo, como Narciso. Recordemos que la vanidad es uno de los siete pecados capitales que en el Cristianismo se espera sea castigado. Ya no queda nada de aquella Susana modelo de castidad, pureza y virtud, personificación de la Iglesia; ahora se muestra a una mujer presumida y vanidosa.

Otros la representan coqueteando con los viejos u ofreciendo un mínimo de resistencia, apaciguándoles serenamente con unas palabras.

Img. 8. Jacopo Bassano, c. 1556-1566. “Susana y los viejos”, National Gallery of Canada.
Img. 9. Paolo Veronés, hacia 1580. “Susana y los viejos”, Museo Nacional del Prado.
Img. 10. Cornelis van Haarlem, 1590. “Susana y los viejos”, Germanisches Nationalmuseum. Imagen: Commons.
Img. 11. Cavalier d’Arpino, hacia 1593. “Susana y los viejos”, Pinacoteca Nazionale di Siena. Imagen: Santa Maria della Scala.
Img. 12. Seguidor de Lambert Sustris.

Se podría establecer que, en general, a partir del 1600 aproximadamente, las Susanas se representan con algo más de veracidad en lo referente a los sentimientos de la víctima, así que los artistas trabajan el pathos para apelar a las emociones del espectador.

Se sobresaltan, se alarman, se cubren con pudor o con la vergüenza de una Eva (img. 16 y 17); rezan (img. 15), imploran, se lamentan, tratan de escapar (img. 14), gritan o se resignan con desconsuelo como las Vírgenes Dolorosas. Así lo vemos también en las de Artemisia Gentileschi (img. 1 y 2).

¿Por qué esta Susana de Artemisia Gentileschi sí representa a una mujer sufriendo un acoso?

De nuevo, no existe un único detalle ni se debe a un aspecto concreto, sino que la consecución de una obra es multifactorial. Debemos observarlos y tenerlos presentes a todos en su conjunto.

Además de tener en cuenta la educación de Artemisia Gentileschi, su época, el estilo y los cánones, las técnicas del momento, etc. hay que tener en cuenta que, como mujer, ha vivido situaciones de acoso usuales como las que mencionaba al principio. Y como artista, no tiene por qué plasmar siempre su personalidad en su obra, pero si quiere transmitir en ella una emoción o vivencia que le haya sucedido, lo va a tener más fácil a la hora de representarlo.

Por ahora, repasemos de la obra: el momento escogido, el escenario, el encuadre, la composición, los actores y sus expresiones corporales y faciales.

El momento escogido por Artemisia Gentileschi es exactamente el que Susana, ya completamente desnuda y a solas, se va a introducir en el baño y es asaltada por los viejos.

Artemisia Gentileschi sitúa a los tres actores en un escenario minimalista. Lo elabora audazmente con el mínimo de recursos posibles y suficientes para crear un espacio exterior, un espacio interior y separarlos. Con pocas líneas y pocos colores tenemos un baño interior, separado del exterior por un muro.

En las otras obras de arte, la imaginación del espectador paseaba por un vergel lleno de hermosos detalles. En esta, no hay absolutamente nada que le distraiga del horrible suceso que va a acontecer.

Img. 18. Creado por David Bokeh.

La escena está encuadrada de manera que se sitúa el foco del espectador en el interior del baño, a la altura de Susana y lo más cerca posible a su cuerpo.

No se trata de un espacio abierto donde se pueda imaginar un margen de escapatoria o a otras personas que acudan a socorrer. El encuadre limita el espacio, lo que lo hace más angustioso.

Gran parte de la mitad superior está ocupada por los dos acosadores que asaltan el espacio en el que estamos con Susana, invadiéndolo y transgrediendo su privacidad e intimidad en el momento de su baño con la intención de violarla.

Mientras que en otras composiciones vemos a los tres actores en un mismo plano o nivel del altura, cuando los viejos están por encima de Susana, se impone su presencia.

Además de ser dos hombres, esta composición, que se refuerza al estar en forma de triángulo en la parte superior y con el color rojo del manto de uno de ellos, les aventaja para amedrentar y dominar a su víctima.

Img. 19.

Aunque la fuente escrita nos habla de dos venerables jueces ancianos, que tendemos a imaginar como dos hombres de elevada edad, aquí Artemisia Gentileschi representa a dos hombres de edad adulta, corpulentos y físicamente bastante más grandes que Susana. Frente a los otros ancianos con cuerpos más flacos de otras pinturas, estos dos intimidan mucho más.

Aparecen unidos, apiñados, compartiendo un secreto y elaborando juntos su perverso plan.

Img. 21.

Frente al repertorio de gestos faciales escogidos para Susana previos a esta obra, aquí se ve uno novedoso: repulsión, espanto, horror, turbación.

Su expresión corporal ya nos indica su sobresalto y que se intenta alejar, a pesar de estar arrinconada entre la violación o la lapidación.

Img. 21.

¿Por qué las mujeres sí vemos en esta Susana de Artemisia Gentileschi a una mujer sufriendo un acoso?

Esta afirmación la hago desde mi experiencia profesional en visitas guiadas que he realizado en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, en las que muestro a los visitantes de los distintos grupos una gran cantidad de cuadros de Susana. La mayoría de visitantes que acuden a mis visitas son mujeres y no suelen tener conocimientos en historia del arte, ni conocen la obra ni la biografía de Artemisia Gentileschi.

En la sala del museo, narramos el relato de Susana y vemos obras de arte en las que aparece el ciclo narrativo para ilustrarlo. Posteriormente, vemos gran cantidad de cuadros renacentistas y barrocos mientras van comentando qué les transmiten, sin saber el nombre del pintor ni ningún otro dato.

Describen con calificativos como coqueta, presumida, orgullosa, vanidosa, pícara, avergonzada, asustada, sorprendida, asqueada, pasmada… Pero no ven el horror de un acoso…

Hasta que llegamos a la última pintura:

Img. 22. Artemisia Gentileschi, “Susana y los viejos”, 1610. Imagen: Commons.

No todas las personas de los grupos ven esa diferencia radical en las representaciones: los hombres no suelen verla. Indudablemente, se debe a la empatía por el tipo de vivencias de las mujeres, pero es Isabel Mellén quien me ayuda a comprenderlo mejor.

En su tesis doctoral sobre teorías cognitivas de las imágenes, fundamenta “a nivel epistemológico cómo percibimos, conocemos y categorizamos a través de las imágenes […] cómo se genera significado en torno a ellas y la empatía como generador de sentidos es fundamental en este proceso.”

Sus análisis de imágenes contemplan los cambios y convenciones estilísticas, pero además de todo el contexto de la obra, según Isabel Mellén, “otro factor fundamental es la experiencia y bagaje acumulado de la persona observadora en su contexto histórico”.

En definitiva, la experiencia de género importa, pues como explica “las diferencias sociales en base al género derivan en experiencias muy diferentes por parte de las personas espectadoras”. Esto explica por qué las mujeres, por vivir experiencias de acoso sistemático, tenemos otro bagaje que nos posibilitan percibir ciertas emociones ante esta obra.

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Una respuesta

  1. Qué buen artículo, Zoraida. Maravilloso.
    Gracias por explicárnoslo tan bien. Me ha encantado el análisis de la obra y cómo de importante es conocer la realidad de aquella (y de todas) al 100%
    Te abre la mente.

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