Por Zoraida Álvarez Carvajal.

Introducción de la serie “Iconografía de la Pasión”.

En la Historia del Arte cristiano, el ciclo de la Pasión de Cristo tiene un lugar privilegiado y una riqueza asombrosa. A finales de la Edad Media, se convirtió en el tema principal.

La liturgia y el dogma justifican la preferencia de este tema. Por una parte, el sacrificio de Cristo en la cruz (redimiendo el pecado Original e implantando el reino de la Gracia) y la Resurrección son los dogmas esenciales del cristianismo. Por otra parte, la Semana Santa culmina el año litúrgico.

Aunque la Pasión de Cristo empieza con su Prendimiento y termina con su Crucifixión, se acostumbró a integrar los hechos que precedieron y los que siguieron a la Pasión. Así, el ciclo completo está compuesto por tres grupos de temas:

La Santa Cena en Jerusalén.

La Santa Cena en Jerusalén es la última comida de Jesús con sus apóstoles. Se diferencia de las otras cenas narradas en los Evangelios (las Bodas de Caná, la comida en casa de Simón, la Cena de Emaús):

Por todas estas razones, esta escena tiene mucha importancia en iconografía.

En el arte bizantino se le ha dado preferencia al tema místico y litúrgico de la Comunión de los apóstoles y ha enfatizado la glorificación del sacramento de la Eucaristía.

Mientra que el arte occidental se ha preocupado por la carga emocional y psicológica, trágicas, en el anuncio de la traición. Tras el Concilio de Trento, el arte de la Contrarreforma se gira hacia la representación de la Santa Cena como la “primera misa”. Como ejemplo de esto último tenemos un buen ejemplo en la “Última Cena” de Murillo, en la Iglesia de Santa María la Blanca, de Sevilla. Aunque parece irremediable la representación de Judas como traidor.

Murillo. Iglesia Santa María la Blanca. Foto: IAPH.

Fuentes.

Para representar esta escena con doble carga simbólica -narrativa y sacramental-, los artistas se han basado en los elementos de las siguientes fuentes:

Rara vez los cuatro Evangelios coinciden tanto en sus respectivas narraciones, con los otros, como en este episodio. Las diferencias son detalles de poca importancia.

Al finalizar la cena, Jesús les dice a los discípulos: «En verdad os digo que uno de vosotros me entregará». Éstos se miraron los unos a los otros, sin saber a quién se refería. Juan, inclinado sobre el pecho de Jesús, preguntó: «Señor, ¿quién es el que te ha de entregar», a lo que éste respondió: «El que conmigo mete la mano en el plato, ése me entregará».

La forma de la mesa y la agrupación de los comensales.

Aunque la mayoría de las ocasiones se han representado doce apóstoles, en algunas obras aparecen solo cinco o seis.

Catacumba de San Calixto. Foto: historiadelartecbe.

Mesa con forma de sigma o medialuna.

Esta mesa es el triclinio romano, con los comensales recostados en semicírculo. En estos casos, Jesús ocupa el extremo izquierdo, que sería el lugar de honor.

Mesa redonda.

Las mesas circulares fueron tomadas de Oriente. En estos casos, Jesús está en el medio y Judas está en primer plano. Aunque la escena se desarrolla en una sola estancia, en ocasiones también aparece en otro plano la cocina.

Mesa rectangular.

No aparece en el arte occidental hasta el siglo XI, porque la mesa rectangular se asemeja a las costumbres litúrgicas y domésticas y también encaja mejor en frisos, dinteles y tímpanos de las portadas de los templos. En estos casos, Jesús está en el centro y Judas aislado del resto.

Algunas soluciones originales para la mesa rectangular han sido, por ejmplo, la Santa Cena de Leonardo da Vinci, donde los apóstoles se agrupan de tres en tres. O la de Tiziano, que introdujo la mesa en diagonal, con su Santa Cena del Palacio Ducal de Urbino.

Salvador de Ejea de los Caballeros. Foto: Blog Románico Aragonés.
Velázquez. Foto: RABASF.

En el siglo XVII volvieron algunos pintores a representar la mesa en forma de sigma, por influencia de los arqueólogos.

Champaigne. Foto: Detroit Institute of Arts.

Actitudes de los apóstoles.

Si en el arte paleocristiano y románico los comensales se representaban generalmente recostados, a partir del siglo XI empiezan a representarse, cada vez más, sentados alrededor de Jesús. En ocasiones aparecen de pie, conforme el rito de la Pascua, donde los judíos comían el cordero de pie, pese a que esta tradición ya no existía en aquella época.

Una vez que se empieza a representar las distintas reacciones y gestos de los apóstoles, ante la noticia de la traición, los dos que destacan del grupo son San Juan y Judas.

San Juan.

En infinidad de obras vemos a San Juan con su cabeza apoyada son el pecho de Jesús. La única fuente que relata alguna pista acerca de esta actitud, es el Evangelio de San Juan (Juan, 13: 23). Aquí tenemos un ejemplo de supervivencia iconográfica, porque los apóstoles estarían recostados en un triclinio romano, apoyados sobre el codo izquierdo, de tal forma que quien está situado a la derecha del que preside el banquete, tiene su cabeza cerca del pecho de éste. Con los comensales sentados en lugar de recostados, y con Jesús en el centro de la mesa, deja de tener sentido el representar a San Juan con su cabeza cerca del pecho de su maestro. Pero, por el contrario, los artistas han preferido mantener esta posición, interpretando a veces la ternura, devoción, otras que está dormido.

Judas.

Para diferenciar al traidor podemos seguir alguna de estas pistas: se le representa casi siempre aparte, en primer plano, sin nimbo o con nimbo negro, con la bolsa de las treinta monedas, comiendo del plato de Jesús, o vestido con color amarillo.

Juan de Juanes. Foto: Museo de Bellas Artes de Valencia.
Francisco Varela. Foto: Commons.

Otros elementos.

El bocado acusador.

Según Mateo, Judas evidenció su traición al llevar su mano al plato. El Evangelio de Juan (13: 27) hace una metáfora con el hecho de que Judas se llevase el bocado del trozo de pan: «Después del bocado, en el mismo instante, entró en él Satanás».

El pez robado.

El pez es uno de los primeros símbolos cristológicos en las imágenes-signo y diversas fuentes –Confesiones de San Agustín, Diálogo interreligioso con los persas sasánidas, las epístolas de Paulino de Nola-, citan al pez como símbolo de Eucaristía. En la Pasión según Gamaliel, se dice: «Judas puso la mano en el plato de Jesucristo y le robó un pez».

Biblia de Ávila. Foto: BNE.

Las imágenes procesionales de la Santa Cena.

En el arte barroco se va buscando composiciones más dinámicas y mayor expresividad de rostros y gestos, ampliando el abanico de actitudes: asombro, angustia, remordimiento, sobrecogimiento, espanto…, lo que otorga a las obras una gran teatralidad.

Este es el estilo que continúan utilizando la mayoría de imagineros actuales, para las imágenes de los pasos de misterio. No suele haber ninguna alusión a la sala del banquete. Podemos encontrar en el suelo una jarra con toalla y palangana, aludiendo al pasaje del Lavatorio que precede a la cena.

Van Heemskerck y Rubens. Foto: Museo del Prado.
Salzillo. Foto: Blog Pasos-Palio.
Salzillo. Foto: Domus Pucelae.
Hermandad de la Sagrada Cena. Foto: Commons.

Os dejo este vídeo, de la Procesión del paso de Misterio de la Sagrada Cena, de la Hernandad de la Sagrada Cena, de Sevilla.

Fuentes:

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