En una de las salas de la Casa de Pilatos vemos un extraño cuadro donde aparece representada una persona con rostro masculino que da de amamantar a un bebé. Las reacciones de los visitantes son de lo más dispar, provocando la risa en algunos, la curiosidad en otros o la repulsión; en todos causa asombro o sorpresa, a nadie deja indiferente. Se trata de una réplica del retrato de Magdalena Ventura con su marido, también conocido como La mujer barbuda, del pintor José de Ribera, uno de los cuadros más fascinantes del siglo XVII del arte español. El cuadro pertenece a la Fundación Casa Ducal de Medinaceli, los propietarios de la casa-palacio, aunque el cuadro original está en depósito y expuesto en el Museo del Prado.

José de Ribera. “Magdalena Ventura con su marido“, 1631. Fundación Casa Ducal de Medinaceli, en depósito en el Museo del Prado.

Gracias a la descripción en latín que aparece unas lápidas en un lateral del cuadro, conocemos muchos datos acerca de la obra. La inscripción se titula El gran milagro de la naturaleza y describe como la napolitana Magdalena Ventura, de la ciudad de Accumoli, está retratada a la edad de 52 años. Narra como le creció la barba a sus 37 años, a pesar de haber concebido tres hijos con su marido, Felici de Amici, retratado a su lado. Luego la inscripción continúa presentando al propio pintor, José de Ribera, como miembro de la Orden de la Cruz de Cristo, honor que le había sido concedido por el papa Urbano VIII en San Pedro del Vaticano en 1626. Se llama a sí mismo Poris alter Apelles, es decir, el otro Apeles de su tiempo, comparando así a su mecenas, el III Duque de Alcalá, con Alejandro Magno. La inscripción termina contando que pintó el cuadro del natural por encargo del Virrey de Nápoles, el 16 de febrero de 1631.

Detalle de la obra “Magdalena Ventura con su marido“.

Magdalena Ventura padecía un hirsutismo muy acusado, esto es, una excesiva producción de pelo, unido a una virilización que supone el desarrollo de caracteres sexuales masculinos, como el incremento de vello corporal y facial, la voz grave y la calvicie. Fue invitada como huésped al Palacio Real de Nápoles por el virrey, Fernando Afán de Ribera y Enríquez, III Duque de Alcalá, y encargó a José de Ribera que la retratase. Mientras el pintor trabajaba, apareció el residente veneciano quien, sorprendido con aquel personaje, escribió una carta al dux de Venecia: “En las estancias de V. Re estaba un pintor famosísimo retratando a una mujer casada y madre de muchos hijos, con el rostro totalmente viril, con más de un palmo de barba negra bellísima, y el pecho completamente peludo, su Excelencia ha querido mostrármela, como algo maravilloso, y ciertamente lo es”.

El cuadro se trasladó pronto a España. El III duque de Alcalá poseyó una colección científica, un gabinete de curiosidades, y reunió en la Casa de Pilatos sevillana otros retratos de enanos, gigantes y otros caprichos de la Naturaleza.

Es posible que Ribera conociese el cuadro de Brígida del Río, la barbuda de Peñaranda, pintado por Juan Sánchez Cotán en 1590. Las mujeres barbudas se incluían en la iconografía de monstruos tales como enanos, bufones y gentes de placer, siendo su representación muy popular en la sociedad europea y en la corte de Felipe IV. Para afirmar la veracidad de la imagen, este tipo de retratos se atestiguaba con una inscripción que recogía el nombre de la persona retratada, su edad y la fecha en la que se pintó, lo que otorga un carácter documental a este tipo de obras que querían recoger curiosidades excepcionales, meraviglie, de la Naturaleza. También lo vemos en el retrato de Antonietta Gonsalvus, quien padecía hipertricosis, pintado por Lavinia Fontana en 1583.

Lavinia Fontana. “Antonietta Gonsalvus”, 1583. Fontainebleau.
Juan Sánchez Cotán. “Brígida del Río, la barbuda de Peñaranda“, 1590. Museo del Prado.

Ribera representó a la mujer con gran dignidad, prácticamente inexpresiva, con una postura estable, sujetando entre sus brazos a un niño que, muy probablemente no era suyo debido a su edad y a su avanzado hirsutismo. Sobre las lápidas hay un huso, que alude a las labores femeninas, junto a un molusco, símbolo hermafrodita.

Es una obra maestra que ha sido admirada a lo largo de los siglos. Goya hizo un dibujo de una mujer barbuda, mirando a su hijo de forma afectuosa mientras éste se entretiene con su barba. En el dibujo escribió: “Esta muger fue retratada en Nápoles por / Jose Ribera o el Españoleto, por los años de 1640”.

Franciso de Goya. Serie: Álbum E o Álbum de bordes negros (E.22), c. 1814-17. Museum of Fine Arts, Boston, Estados Unidos

Os recomiendo ver La mitad invisible – La mujer barbuda, donde Javier Portús -Jefe de Conservación de Pintura Española hasta 1800 del Museo Nacional del Prado-, hace una explicación del cuadro desde la perspectiva de la Historia del Arte y José Ramón Alonso -catedrático de Biología de la Universidad de Salamanca-, aporta una explicación científica: no se trata de hermafroditismo, sino de hirsutismo, comúnmente producido por el síndrome de ovario poliquístico.

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Si queréis disfrutar de la Casa de Pilatos con una visita guiada, podéis contar conmigo, como historiadora del arte y guía de la Junta de Andalucía.

¡Os espero en el siguiente post!

Vídeos del Museo del Prado:

Ficha descriptiva de La mujer barbuda, en la web de la Fundación Casa Ducal de Medinaceli.

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