(Brígida Maldonado y Ana de la Peña)

He recopilado y resumido la información de estas dos mujeres que vivieron en Sevilla en el siglo XVI, heredaron las imprentas al enviudar y les dieron continuidad al negocio, cuando Sevilla era el principal centro castellano de producción de libros impresos. Falta mucha documentación sobre sus actividades laborales, lo que nos impide conocer el grado de implicación que tuvieron exactamente en los trabajos del taller. Por lo general, en Europa, las mujeres realizaban trabajos de gestión, intervenían en la actividad tipográfica y expandían el negocio con éxito.

Todo queda en familia.

En las familias artesanas las mujeres aprendían algunas tareas del oficio de sus padres, más aún cuando el taller estaba en la casa donde residían, como es el caso de la industria tipográfica en el siglo XVI. Era costumbre contraer matrimonio entre miembros del mismo gremio, así los hombres se casaban con mujeres que eran miembros de familias especializadas en el mismo oficio, las hijas o las viudas de colegas. Si leéis los artículos de Marguerita Caffi, Luisa Roldán y Artemisia Gentileschi, veréis como todas eran hijas de pintores o escultores.

Ana de la Peña y Brígida Maldonado nacieron en familias dedicadas a la industria tipográfica. Sus conocimientos acerca del oficio y el comercio del libro le permitieron poder seguir trabajando en los talleres de sus maridos impresores y hacerse cargo de la empresa cuando éstos fallecieron. Si el marido fallecía siendo el hijo mayor muy joven, las viudas tenían cuatro alternativas para que la imprenta continuara funcionando dentro de su familia:

Brígida Maldonado. Viuda de Juan Cromberger (1541-1545).

Brígida Maldonado era miembro de la familia Carón, libreros en Salamanca. Se casó en Sevilla con Juan Cromberger alrededor de 1524, quien heredó más tarde de Jacobo Cromberger (padre de Juan), la imprenta más importante de Sevilla en el siglo XVI y el taller más activo de la Península Ibérica en la primera mitad y lo llevó al Nuevo Mundo, obtenido el privilegio de Carlos V de ser el único impresor autorizado para imprimir y vender libros en estas tierras. Cuando Juan falleció en 1540, el mayor de sus nueve hijos, Jácome, tenía solamente quince años. Brígida no volvió a casarse y manejó los negocios familiares hasta que su hijo Jácome tuvo edad y experiencia suficiente para hacerse cargo, en 1545.

Placa situada en la Calle Pajaritos de Sevilla, donde estuvo la imprenta Cromberger entre 1511 y 1557.

Del periodo que comprende entre noviembre de 1540 a noviembre de 1545, se conocen unas 60 ediciones, pero el nombre de Brígida no aparece en ninguna edición impresa. Los colofones indicaban que los libros se habían imprimido «en la imprenta de Juan Cromberger que Dios aya» o «en la casa de Cromberger». En alguna ocasión aparece en el pie de imprenta «la desdichada viuda» o «la triste Brigida Maldonado». El taller siguió su ritmo de alta producción, la calidad tipográfica siguió siendo muy buena y se mantuvo el espíritu empresarial. A partir de 1545 aparece el nombre de Jácome en las ediciones y a partir de 1546 la calidad y cantidad de las obras impresas degeneró abruptamente.

Acciones destacadas en la gestión de la imprenta:

Falleció en 1590, probablemente a una edad muy avanzada para su época, pues sobrevivió a su marido, su cuñado, seis hijos, un yerno, una nuera y al menos tres nietas. No obstante, se dedicó a los negocios hasta el mismo año de su muerte, como la venta de vino de Castilleja de la Cuesta, donde poseía tierras de labor y casas.

Ana de la Peña. Viuda de Sebastián Trujillo (1570-1572).

Ana de la Peña ejerció como impresora viuda en Sevilla, tras el fallecimiento de su marido Sebastián Trujillo en 1570, hasta que su hijo Alonso de la Barrera se hizo cargo del taller en 1572. Entre sus impresiones caben citar: 

La mujer y la imprenta en Europa.

Si queréis conocer más nombres de mujeres en la imprenta en España, id a Impresoras en Sevilla s. XVI, de la Biblioteca Nacional de España.

En Francia aparecen con regularidad los nombres de las viudas en los colofones de los libros que salieron de las imprentas que habían heredado; en Italia, además de firmar los productos que se imprimían en el taller, hay constancia de mujeres que trabajaron como ayudantes y de monjas compositoras, como en el Convento de San Jacopo de Ripoli, en la segunda mitad del siglo XV. El verano pasado, en mi viaje a Bélgica visité el Museo Plantin-Moretus de Amberes, museo imprenta que rinde honor a los impresores del siglo XVI, Christoffel Plantin y Jan Moretus, además asociado a la historia de la invención de la tipografía; el conjunto de la casa, talleres y museo es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Os dejo este enlace para conocer a las mujeres de la casa: https://www.museumplantinmoretus.be/fr/content/leading-ladies

Si queréis conocer más mujeres en la Historia de Sevilla, nos os perdáis Sevilla en Femenino.

Espero que os haya gustado. Podéis dejarme vuestras impresiones y dudas en comentarios. No olvidéis que tenéis mucha información sobre Historia del Arte en Sevilla y en general, en TwitterInstagram y Facebook, así como un canal en Telegram.

¡Os espero en el siguiente post!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *