Antes de la iglesia, primero hubo una basílica romana y después una mezquita. La Iglesia de El Salvador no es solo el segundo templo más grande de Sevilla, tras la Catedral, sino que cuenta con una historia y un patrimonio artístico que la llevaron a clasificarla como Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento Histórico Artístico.

Os hablaré del retablo mayor, concretamente del conjunto central -la Transfiguración de Jesús-, que representa el motivo de la advocación de esta iglesia, y dejaré para otros artículos las demás obras de arte y la historia del templo.

El retablo mayor, construido entre 1770 y 1779, es uno de los últimos grandes retablos barrocos de España. Está considerado la mejor obra del arquitecto de retablos y escultor portugués Cayetano de Acosta. Para que tengáis una idea de su tamaño quienes no podáis verlo personalmente, mide 21 metros de alto por 10,50 metros de ancho.

Los retablos no solo tienen la función de culto, sino que sirve para la doctrina que la iglesia quiere comunicar, para facilitar la comprensión de un mensaje religioso. El mensaje no solo debía ser claro para que pudiese ser interpretado por los fieles, sino también, y sobre todo en el arte barroco, debía impresionar y emocionar. Por ello los artistas recurrían a juegos de luces y sombras, efectos sorpresivos, combinación de formas diferentes, personajes reales y expresivos y otros recursos teatrales.

Consta de banco, un cuerpo central dividido en tres calles separadas por columnas y un ático coronando el conjunto. Tiene columnas salomónicas con rocallas superpuestas y capiteles corintios. El retablo debe “leerse” conforme se desarrolla su programa iconográfico, de forma ascendente.

En el banco aparecen los padres de la Iglesia en mármoles rojos y negros. En el centro está el sagrario con forma de tabernáculo y, sobre él, una Inmaculada Concepción, escultura anónima del siglo XVIII. Está representada con túnica blanca y manto azul, con la media luna bajo sus pies. Están los dos bustos-relicarios de plata de san Leandro a la izquierda y san Isidoro a la derecha, realizados en 1753 por el platero Juan Sánchez.

El mensaje más importante de todos los templos solemos encontrarlo en el retablo mayor; en este caso, en la parte central de este retablo encontramos la escena de la la Transfiguración de Jesús en el Monte Tabor. Alrededor de la escena están los arcángeles Yehudiel, Rafael, Baraquiel, Gabriel, Miguel y Seatiel. En la parte superior hay otro grupo de arcángeles.

A ambos lados del retablo hay un par de ángeles lampareros de finales del siglo XVIII. En los púlpitos se encuentran los evangelistas Juan y Mateo a la izquierda, y Lucas y Marcos a la derecha. Están realizados en mármoles polícromos por Vicente Bengoechea en 1734 y el otro por Juan del Villar en 1778.

Uno de los dos púlpitos.
Uno de los dos ángeles lampareros.

En el ático está la figura de Dios Padre.

Todo el presbiterio está cubierto por una bóveda semiesférica decorada con pinturas que representan la gloria celestial, realizadas por Juan de Espinal en el último tercio del siglo XVIII.

Presbiterio.
Pinturas en la bóveda del presbiterio, de Juan de Espinal.

ICONOGRAFÍA DE LA TRANSFIGURACIÓN DE JESÚS EN EL MONTE TABOR

El grupo escultórico de la parte central del retablo representa un episodio del Nuevo Testamento, narrado por Mateo, Marcos y Lucas. Jesús llevó a Pedro, Santiago y Juan a orar al Monte Tabor, donde se transfiguró, dejando entrever su divinidad. Su rostro y sus vestidos resplandecieron como la luz, llamada luz tabórica. Los profetas del Antiguo Testamento, Moisés y Elías, aparecieron y conversaron con él. Las versiones de Mateo, Marcos y Lucas son diferentes y en arte se han distinguido tres episodios, todos ordenados en tres niveles para diferenciar el plano terrestre con los apóstoles, el central con Jesús y el superior. Esta obra que analizamos está basada en el Evangelio de san Lucas (9, 28-36); veamos qué dice para comprender mejor el retablo mayor de El Salvador:

28 Aconteció como 8 días después de estas palabras, que tomó a Pedro, a Juan y a Santiago, y subió al monte a orar;
29 Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se puso brillante, y su vestido blanco y resplandeciente.
30 Y he aquí dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés y Elías.
31 Quienes aparecieron rodeados de gloria, y hablaban de su partida, que iba Jesús a cumplir en Jerusalén.
32 Y Pedro y los que estaban con él estaban rendidos de sueño; más permaneciendo despiertos, vieron la gloria de Jesús, y a los dos varones que estaban con él.
33 Y sucedió que apartándose ellos de él Pedro dijo a Jesús: Maestro, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías; no sabiendo que le decía.
34 Mientras él decía esto, vino una nube que nos cubrió; y tuvieron temor al entrar en la nube.
35 Y vino una voz desde la nube que decía: Este es mi Hijo el elegido, escuchadle.36 Y cuando cesó la voz, Jesús fue hallado solo, y ellos callaron, y por aquellos días no dijeron nada a nadie de lo que habían visto.

De izquierda a derecha, los Apóstoles Pedro, Juan y Santiago, en la nube. La Transfiguración de Jesús, con Moisés y Elías, en el centro. Dios Padre en el ático.

La palabra griega Sôter era el apelativo del dios curador Asclepios, traducido en latín como Servator, Conservator y a partir de Tertuliano como Salvator. Las iglesias puestas bajo la advocación de Cristo toman el nombre de San Salvador o Divino Salvador. En 1456, el Papa Calixto III extendió la fiesta de la Transfiguración a toda Europa y la Iglesia Católica lo celebra el 6 de agosto.

Podéis consultar horarios y tarifas, así como información cultural, en la web de la Iglesia de El Salvador.

Espero que os haya gustado. Podéis dejarme vuestras impresiones en comentarios. No olvidéis que tenéis mucha información sobre Historia del Arte en Sevilla y en general, en Twitter e Instagram. Si queréis una visita guiada al Salvador, podéis contar conmigo, como guía de la Junta de Andalucía.

Os espero en el siguiente post.

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